viernes, 19 de noviembre de 2010

Eres lo que tú crees de tí mismo

Pues resulta que mis padres decidieron nombrarme "Viridiana".

¿Por qué? Simplemente porque les gustó, sin mayor explicación... o al menos nunca me dijeron nada sobre eso.

Definitivamente no se equivocaron. Creo que mi nombre me define a la perfección y no me imagino haberme llamado de otra forma.

Desde que he trabajado con la cuestión de la identidad, reconocimiento personal y aceptación es que he comprendido más cosas sobre mí, incluyendo a mi propio nombre.

Bueno, yo siempre le he dado peso a la forma en cómo me llamo... a esas 9 letras que conforman mi nombre.

Antes, cuando pensaba que me creía eso de "soy especial", mi nombre contribuía a esa creencia. Hasta cierto punto me hacía sentir única. Y bueno, también ayudaba mucho cuando las personas me lo chuleaban.

Entonces mi razonamiento lógico era: Yo soy especial, me creo única... por consiguiente el wey con el que estoy debe ser especial. Ello me lleva a pensar que lo que tenemos es especial y único, y nadie más lo tiene... lo que significa que nos correspondemos porque para mí no hay nadie tan especial como él... no existe otro.

¡Patrañas! Ahora sé que todas ésas eran simples creencias que uno se compra ante la necesidad de sentirse importante o sobresaliente.

¿Cómo fue que caí en la cuenta de ello? Definitivamente no fue por el camino fácil, sino a través de un gran madrazo -el más grande que me he dado en mi corta vida (y digo grande no por la magnitud del golpe, sino por todas las cosas que he aprendido a raíz de ello).

Y bien la historia resumida es ésta:
Gracias a un ex wey dejé de sentirme tan especial cuando me di cuenta que yo era muy sustituible. Tan sustituible que lo primero que hizo fue salir con una chica que se llama como yo.

Sí, éste es el tipo de cosas que hacen detenerte por un momento y reestructurar todas las cosas que puedes pensar sobre tí mismo.

La verdad es que si a pesar del tiempo aún menciono esto es porque sí me caló. Es el tipo de recuerdos que se quedará en mi memoria durante muuuuucho tiempo. Podría decirme a mí misma "get over it", pero no se trata de eso, al menos no por ahora.

Pero lo positivo es que este evento me hizo pensar que verdaderamente soy sustituible y que nadie es especial, yo no soy especial, él no es especial, lo nuestro no era especial.

¿Entonces, qué era? Simplemente era una relación como cualquier otra, con sus aciertos, errores y demás.

Y ahora ¿qué creo de mí misma? Esta respuesta sí es un poco complicada, pero puedo afirmar que me veo a mí misma de otra forma.

Lo que creo de mí es que no necesito sentirme especial para darme cuenta que tengo ciertas capacidades y que la gente que me rodea me acepta como soy, sin más.

Mi error principal fue sobrevaluar ciertas cosas y restarme importancia a mí.

El reconocimiento te da identidad. Si tienes identidad es más sencillo encontrar tu camino. Al encontrar tu camino, puedes disfrutar más tu vida porque sea bueno o malo lo que te pase, sabes que eres tú, que tú lo decides y que tú sabrás cómo usar las cosas a tu favor.

Justo estoy en un punto en el que no puede decir que mi vida está resuelta y que es maravillosa, pero lo que sí es un hecho es que siento que estoy encontrando mi camino y que yo decido cómo quiero que sea, por lo que trato de restarle importancia a los aspectos negativos (que me queda claro, son inevitables).

Honestamente no tengo ni la menor idea de cómo va a resultar todo. Es más, ni quiero saberlo, no lo necesito. Creo que sólo tengo que confiar en mí y no en un supuesto falso como el "ser especial".

Antes parecía que el "ser especial" me daba la llave para ser merecedora del "éxito", cuando todo eso es producto de ideas que en realidad no existen.

¿Qué es el éxito? Este concepto queda anulado desde el momento en que puede serlo todo y nada a la vez. Solemos medir nuestro "éxito" basado en lo que los otros creen que esto significa, o cuando nos comparamos con la gente que nos rodea. Pero en realidad el éxito no nos da identidad.

Y sí, al final todo es más simple de lo que parece y tú terminas siendo lo que crees sobre tí, aunque no te des cuenta.

Elementos como el nombre, características físicas, gustos, capacidades, etc, forman un todo para hacerte completo. A veces estás tan cegado que no lo puedes ver, y comienzas a creer lo que otros dicen sobre tí.

Mirarte al espejo ayuda a reconocerte.

Escucharte ayuda a reconocerte.

Aceptar tanto tus debilidades como puntos fuertes ayuda a reconocerte.

Estar confundido por un momento ayuda a reconocerte.

Hacer lo que te gusta y lo que no te gusta ayuda a reconocerte.

Y en mi caso, escribir ayuda a reconocerme. No me preocupa si soy buena o no, simplemente lo hago porque me gusta... y si me da satisfacción, algo bueno ha de tener.

Canción para acompañar.... Sólo somos un grano de arena.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me perdí de algo bueno hoy ¿verdad?

Viri-Landia dijo...

Sí, estuvo bueno porque además éramos poquitos.